TERTULIA MANUEL BARRUECO


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Óscar López Rogado, Pablo San Nicasio Ramos (dúo Artelinkado) y Manuel Barrueco
Fotografía de Asgerdur


Alexis y Montse (jazz y mas) junto a Amalia Ramírez
Fotografía de Asgerdur

Después de la tertulia
Fotografía de Asgerdur

Después de la tertulia
Fotografía de Asgerdur

Después de la tertulia
Fotografía de Asgerdur

Después de la tertulia
Fotografía de Asgerdur

Después de la tertulia
Fotografía de Asgerdur

Después de la tertulia
Fotografía de Asgerdur

Manuel Barrueco.
Fotografía de Asgerdur

A veces me sorprende lo bien que salen las cosas que se improvisan.

Asgerdur y Manuel Barrueco llegaron a las 6.30 a la tienda. Estuvieron un bien rato hablando con Amalia Ramírez en la planta de arriba..., sobre algunos asuntos. Y fue a las 7.30 cuando Manuel e Isaac me preguntaron cómo iba a desarrollarse la tertulia. Si soy sincera no tenía ni la menor idea. Subí las escaleras y allí estaba Asgerdur con la misma pregunta: "¿cómo hacemos la tertulia?". Ya teníamos algo en común.

Antes de ir a Luxemburgo (por cierto, felicidades Amalia, tocó una Ramírez), me mandaron un mail en el que me pedían una grabadora, además, para evitar sorpresas habíamos propuesto a los asistentes que enviaran sus preguntas por correo para que Manuel Barrueco se las pudiese preparar de alguna forma..., estaba un poco desconcertado, no sabía que rumbo exactamente tendría la tertulia.

La solución no tardó en llegar y de eso se encargó Asgerdur. La tertulia consistiría en una especie de entrevista grabada para hacer un podcast: una persona formula las preguntas y la otra contesta. Lo que no me podía imaginar es que ,un minuto antes de comenzar, Amalia me soltaría unos folios escritos y me diría: " Cristina, preguntas tú". Y, la verdad, nunca he sido amiga de los públicos, bastante miedo me han dado a lo largo de mi vida. Miles de ojos mirándote, cada movimiento, cada palabra, cada respiración... El otro momento me hubiese puesto a temblar, pero pensé: "¿Para qué?. Siendo sincera la totalidad de esos ojos se posarían mi entrevistado. Yo no tenía el menor interés.". Y así fue como me deshice de la presión.

Todo fluyó con una sencillez y naturalidad pasmosa. A medida que el maestro iba contestando lo que le preguntaba al público y a mi nos crecían montones de preguntas en la cabeza, creo que en ningún momento hubo esa barrera a la que llaman "romper el hielo". Barrueco se entretenía contestando, tanto, tanto, que en más de una ocasión mis preguntas fueron cortadas para seguir con un mismo tema.

No pudimos leer todas las preguntas; Manuel Barrueco tenía mucho que contar. El final fue una agradable cena con el grupo de personas que se quiso añadir a una velada descansada junto al maestro Barrueco y a su encantadora mujer Asgerdur. Todo fue perfecto, al menos para mi.

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