En recuerdo de mi amigo Manolo Tena, que me regaló momentos de su vida, algunos mágicos, otros oscuros, pero ninguno indiferente, quiero compartir este poema que me entregó un día en que decidió buscar la esperanza en el fondo de la caja misteriosa de la vida. Su marcha me dejó perpleja, flotando en esa irrealidad que envuelve los lugares donde la muerte se hace presente, y aún sigo creyendo que no sucedió.
Amalia Ramírez
Al principio fue el delirio imperioso
del zafiro y el almizcle, y
el éxtasis alucinado de las ninfas
y el arrebatado amanecer del faisán y la paloma:
un virginal gozo que ignoraba el azufre, y la duda, y el llanto…
pues aún -en su armonía- la belleza expresaba lo eterno.
Eros con sus vesánicas flechas -a ciegas- nos malhería,
el mágico ardor de la luz y la lluvia alentaban
las hechizadas semillas del deseo, y
en los campos de concentración de la materia
la fantasía oficiaba su ambiguo milagro ritual…
pero el espíritu anhelaba furioso la libertad: un ayer
imposible, un mañana sin nombre…
la incontenible lava del mediodía de verano asola el corazón,
la sed vehemente del espíritu lo enajena de falsos ecos de realidad,
y la sangre -a borbotones- acepta el desafío de los hados
como un torrente de inconsciencia que surcase
la incomprensible geografía del amor, para
desembocar -irremisiblemente- en la celda de los sentidos…
allí donde el clamor desafinado de los cuerpos destierra al hombre
a expiar el grito, la caricia, la flor…
y a degüello, sin más destino que un capricho fatal de destruir
el desamor, la soledad y la guerra invadieron
el crepúsculo de nuestra derrotada insuficiencia
y así la alegría y el placer crecieron hasta el desaliento,
la necesidad, las lágrimas…
y demasiado tarde comprendimos que jamás hubo
nada más frágil que la felicidad
que los anhelos son un azogue cruel para lo posible
… Otoño no perdonará ninguna hoja
el invierno sacrificará la verde fruta desnuda, y
mientras, la felicidad no es sino la más increíble de todas las coartadas…
pero si tras todos los inviernos siempre hubo una primavera
en la desolación del desierto sin mar
la semilla de la esperanza reverbera como una quimera
en la abismal oscuridad:
eterna, indestructible.
---Manolo Tena---