9 DE JUNIO CONCIERTO MADRID GUITAR DUO EN AGV
8 DE JUNIO A LAS 19.00h
Concierto Asociación de Amigos de la Guitarra de Valencia
Pablo González y Roberto García
Museo de Bellas Artes de Valencia
NIIBORI ACADEMY (JAPAN)
We were in Niibori Academy magazine! 💓
It was a really good experience in our tour around Asia in November 2018
It was a really good experience in our tour around Asia in November 2018
#niiboriacademy #niibori #japan #ramirezguitars #classicalguitars
JOSÉ SIMÓN & LUIS RAMÍREZ DE GALARRETA
Hace unas semanas publicamos las historias de Luis y José Ramírez (José Ramírez II), ambos hermanos y guitarristas. Carlos Martín Ballester ,al leer el texto sobre José Ramírez nos preguntó por su etapa en #hismastervoice en #argentina. Anteayer nos encontramos después de un concierto y continuamos con las indagaciones sobre este personaje de nuestra tradición del que no hay demasiada información, bien sea porque estuvo 20 años en Latinoamérica, bien sea porque le tocó ese periodo tan oscuro de nuestra historia que abarca la Guerra Civil y la Posguerra... De pronto apareció en la conversación el hermano de José, Luis Ramírez, y lo que vino después fue sorprendente... Resulta que Carlos hace unos años adquirió en Toledo unos cilindros de cera con grabaciones de guitarra. En uno de ellos datado en 1900 aparecían unos guitarristas llamados Luis y Simón Ramírez: Luis y José Simón Ramírez (José Ramírez II)... Todavía estamos asimilando el descubrimiento y estamos seguros de que pronto os podremos ofrecer nuevas informaciones. (Muy pronto todos estos textos los publicaremos en inglés)
Las grabaciones las podéis encontrar aquí:
http://cylinders.library.ucsb.edu/search.php?nq=1&query_type=author&query=Ramirez%2C+Luis&fbclid=IwAR2cgoCRZS9YtbUd3bY9gh0YVxJkvftet7BIJgyiF8mHa4ghB9mHG6yzVDo
Su artículo sobre los cilindros lo podéis leer aquí:
https://www.carlosmb.com/e_media.php?multiabre=2&titulo=More+about+Carlos+Mart%C3%ADn+Ballester&fbclid=IwAR2qmYIUKlP39zIwSaIe9cMtTJZiO0NcXkS5eI1TBrMyXw4AKh5-9y5nvb8
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Everything began with an improvisation. A vocal note, an invitation, a concert, a magical place, a wonderful performance, lingering over a few beers, funny and intelligent people and the whole night ahead. And suddenly the lights are switched on and the silence and amazement begin. The music softens, the place disappears, people murmur in the distance. The conversation becomes delirious. This can’t be, this can’t be happening to me…
.
A few weeks ago I published the histories of Luis and José Ramírez (II), both brothers and guitarists. Seeing the text about José Ramírez II on Facebook, Carlos Martín Ballester asked me about his time with His Master Voice in Argentina. And there the matter stopped, but history is alive and you cannot control it, even less so if a forgotten memory is uncovered. The conversation started where we left off, to finish talking about some wax cylinders he acquired a few years ago in Toledo with guitar recordings. On one of them, dated #1900 were a couple of guys called Luis and Simón Ramírez: Luis and José Simón Ramírez (José Simón Ramírez II) …..
Isn´t the world a marvellous place?
You can find the recordings here:
http://cylinders.library.ucsb.edu/search.php?nq=1&query_type=author&query=Ramirez%2C+Luis&fbclid=IwAR2cgoCRZS9YtbUd3bY9gh0YVxJkvftet7BIJgyiF8mHa4ghB9mHG6yzVDo
You can read his article about cylinders here:
https://www.carlosmb.com/e_media.php?multiabre=2&titulo=More+about+Carlos+Mart%C3%ADn+Ballester&fbclid=IwAR2qmYIUKlP39zIwSaIe9cMtTJZiO0NcXkS5eI1TBrMyXw4AKh5-9y5nvb8
RAMIREZ ASIA TOUR/ TOUR POR ASIA
Tour around Asia: Thailand, Hong Kong, China, Taiwan, South Korea, Japan and Malaysia Cristina and José Enrique Ramirez (V generation) with the guitar player Luis Regidor Pain visited all those countries to make a presentation about our tradition, History, family and guitar models
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En los meses de octubre y noviembre hicimos un viaje por varios países asiáticos con la intención de presentarnos como la quinta generación de guitarreros Ramírez junto con nuestro amigo el guitarrista Luis Regidor Pain.
Visitamos Tailandia, Hong Kong, China, Taiwan, Corea del Sur, Japón y Malasia. Fue un viaje maravilloso, lleno de anécdotas y amigos. Gracias a todos los que lo hicisteis posible.
Video from Bogdan Toma
15 MARZO- PRESENTACIÓN EN CASA PATAS
El próximo jueves 15 de marzo presentamos nuestras nuevas guitarras de estudio en la fundación #casapatas. Contaremos con la colaboración de Victor Monge, quien hablará, junto a José Manuel Gamboa, de la nueva guitarra Serranito y de su libro. Concierto breve de Jose Luis Monton y de David González. Las invitaciones ya están agotadas
#serranito #nuevosmodelos #presentacion
PUNTADAS HISTÓTICAS (C.12): COMPETENCIA LEAL
El trabajo de guitarrero
o de constructor de instrumentos es muy bello: requiere de tiempo para
conseguir destreza con la herramienta, para entender la madera, para construir
con mimo y también para la escucha, es decir, para conseguir lo que el músico
busca.
Somos un taller familiar
que respeta profundamente a los profesionales que se dedican a este maravilloso
oficio y que, con su buen hacer, consiguen construir una competencia leal capaz
de incentivarnos al resto a evolucionar y adaptarnos a los nuevos tiempos.
Sin embargo, no es la
primera vez que un cliente nos comenta lo mal que ha hablado de nosotros algún
que otro compañero de oficio; nos tildan de malas atenciones y otra serie de
incorrecciones que mucho distan de la competencia leal de la que hemos hablado.
Por suerte, muchas de las veces estos clientes mal informados han podido
comprobar por sí mismos lo incierto de tales acusaciones, otras sin embargo han
perdido la oportunidad de comprobarlo, porque no se han atrevido a venir. Hace
poco un extranjero estuvo a punto de no visitarnos por miedo, afortunadamente
lo hizo, nos contó la historia, nos dijo que nuestro trato había sido
excepcional y acabó descubriendo que nuestros precios eran más competitivos que
los que ofrecía el guitarrero que aseguraba lo contrario.
Al igual que respetamos a
nuestros compañeros, y dejamos que el cliente tenga su propio criterio y pueda
comparar por sí mismo, damos por supuesto que recibiremos el mismo trato, pero
una vez tras otra nos encontramos con que no es precisamente así. Es una
lástima. Quien habla mal de un compañero de oficio no hace otra cosa que tirar
piedras a su propio tejado.
Y es que, según las
buenas lenguas, más podemos conocer de una persona por lo que ella dice de los
demás que por lo que los demás dicen de ella.
Hasta aquí hemos hablado
sólo de nosotros, pero esto es algo que afecta a nuestro colectivo en su
conjunto. Existen agrupaciones de guitarreros que, para destacar, se
autoproclaman como los auténticos y originales representantes de esta u otra
escuela, cuando en realidad llegaron mucho después y pretenden desprestigiar a los
que fueron su verdadero origen. Hay quienes copian a otros y afirman ser ellos
los primeros en desarrollar esa idea que en realidad están copiando. Hay quienes se hacen con los
derechos de algún guitarrero histórico que no tuvo descendencia, impidiendo que
se lleve a cabo cualquier actividad relacionada con él sin pagar “peaje” a los
mercaderes que se hicieron “propietarios” de su nombre. Hay quienes pretenden borrar la autoría de una
obra atribuyéndosela a otro de forma insistente, y
gozan de credibilidad a pesar de exhibirse con un orinal en la cabeza. Y
es que ya se sabe: si repites una mentira el suficiente número de veces,
acabará convirtiéndose en verdad para muchos. Pero también se ha demostrado
repetidas veces que construir una realidad sobre mentiras acaba desmoronándose,
antes o después.
En el despacho de una
profesora en un conservatorio de música, sobre su mesa, había un cartel que
destacaba por encima de todos los objetos que allí había. Se trataba de una
frase de Ghandi que rezaba: “No hay que apagar la luz de otro para lograr que
brille la nuestra”.
El mundo guitarrístico
está muy contaminado por la mala fe de unos pocos, y eso nos daña a todos. A
todos. Seguramente si cambiáramos esa costumbre mezquina por otra más sana
basada en el respeto a nuestros compañeros de oficio, mejoraríamos sin duda
nuestro entorno profesional, en beneficio de todos los que amamos nuestro
trabajo.
Hace años, en una visita
del Dalai Lama a Madrid, una de las personas que nos encontrábamos en la sala
le preguntó: “¿Qué podemos hacer para mejorar el mundo?” Su respuesta fue que
no es necesario irse al otro extremo de la tierra para ello, sino que basta con
mejorar nuestro mundo inmediato… una palabra amable, una sonrisa, también a los
desconocidos, puede mejorar su día. Si todos lo hacemos –terminó diciendo- sin
duda mejoraríamos el mundo.
Amalia, Cristina y José
Enrique Ramírez
octubre de 2017
HISTORICAL HINTS (C.12): FAIR COMPETITION
The job of a guitar maker or constructor of instruments is beautiful: it
takes time to gain the skill with the tool, to understand the wood, to
carefully build and also to hear, that is, to achieve what the musician is
looking for.
We are a family workshop that deeply respects professionals that are
devoted to this wonderful job and that, with their good work, they can
construct a fair competition that is able to encourage us all to evolve and
adapt to new times.
Nevertheless, it is not the first time that a client comments us how bad
he has been told about us by other trade colleague; they say we give bad
services and a number of improprieties that are far from the fair competition
we have been talking about. Luckily, many times these badly-informed clients
could see for themselves that these accusations were not true, other times they
have lost the opportunity to see it, because they didn’t dare to come. Recently
a foreigner was about not to visit us out of fear, fortunately he did, he told
us the story, he told us that our service had been exceptional and finally he
discovered that we had more competitive prices than the ones he was given by
the guitar maker that ensured the opposite.
As well as we respect our colleagues, and we allow our clients to have
their own criteria and can compare by themselves, we take it for granted that
we will receive the same treatment, but once and again we find that it is not
precisely this way. It’s a pity. Those
who speak badly about a colleague are only shooting themselves in the foot.
And the thing is that, according to good tongues, we can know more
people with the things they say about the rest than with the things the other
people say about them.
So far we have only talked about ourselves, but this is something that
affects our trade as a whole. There are groups of guitar makers that, to stand
out, proclaim themselves as the true and original representatives of this or
that school, when actually they reached much more later and intend to discredit
those who were its true origin. There are those who copy other people and claim
they are the first to develop that idea that they are in fact copying. There
are those that get hold of the rights of some historic guitar maker that had no
descendants, preventing the implementation of any activity related to him
without paying “toll” to the traders that made themselves the “owners” of his
name. There are those who intend to delete the authorship of a work persistently
assigning it to other person, and they enjoy credibility in spite of exhibiting
themselves with a urinal on their heads. And it is widely known that: if you
repeat a lie enough times it will end up becoming the truth for a lot of
people. But it has been repeatedly proved that building a reality on lies ends
up collapsing, sooner or later.
In the office of a teacher in a music conservatory, on her desk, there
was a notice that stood out above the other objects there. It was a sentence by
Ghandi that said: “It is not necessary to turn off the light on the other, to
get ours shine”
The guitar world is highly contaminated by the bad faith of a few, and
that harm us all. Us all. No doubt if we changed this mean practice for another
healthier one based on respect to our colleagues, we would absolutely improve
our professional environment, for the benefit of all those who love our job.
Some years ago, in a visit of Dalai Lama to Madrid, one of the people
who were in the room asked: “what can we do to improve the world?” His answer
was that it is not necessary to go to the other end of the earth to do that,
but you only have to improve your immediate world… a kind word, a smile, also
to strangers, can make someone else’s day. If we all do that – concluded saying
– no doubt we would improve the world.
Amalia, Cristina y
José Enrique Ramírez
October 2017
BUEN VIAJE MIGUEL RIVERA, BUEN VIAJE AMIGO
Madrugar ya cuesta, como para encima encontrarte con tan malas noticias. Miguel, te echaremos mucho de menos, no sólo en la presentación de la biografía del maestro Serranito que tendrá lugar dentro de dos horas, sino en general. Dejo el anexo del libro en el que hablabas de Víctor, nada más auténtico que tus palabras para hablar de ti, de tu honestidad, de tu buen hacer, de tu incondicional amistad y toda esa belleza que llevabas dentro y que reflejabas en tu música. Hoy en la guitarrería escucharemos tu disco, no encontramos mejor homenaje que recordarte tocando la guitarra. Buen viaje, amigo.
PUNTADAS HISTORICAS (C.11): LAS INICIALES EN LAS GUITARRAS RAMIREZ
Cuando
mi tío bisabuelo Manuel Ramírez murió, sus oficiales, Modesto Borreguero,
Santos Hernández y Domingo Esteso, continuaron durante unos años en su taller
con la viuda de Manuel Ramírez.
Filomena Vera Cervelló, la viuda de Manuel, que
sepamos, no era guitarrera, aunque probablemente sí que realizara labores de
barnizado a muñequilla como muchas otras mujeres de guitarreros que ahora
duermen el sueño del olvido. Pero el
taller de Manuel pasó a ser de su propiedad, que Filomena reabrió el 16 de mayo
de 1918, dos años después de la muerte de su marido. Como lo que vendía era el
nombre de Manuel Ramírez, y sus oficiales no eran aún conocidos, puesto que lo
que hacían era reproducir la obra de su maestro y todavía no habían
desarrollado la suya propia, llegaron a un acuerdo con su viuda por mutuo
interés, según el cual en la etiqueta de sus guitarras figuraría “Viuda de
Manuel Ramírez”, y a la vez pondrían sus iniciales dentro, obviamente para ir
obteniendo un reconocimiento individual, a pesar de que, aun estando en el
taller de Ramírez, seguían utilizando sus plantillas, diseños, técnicas y
materiales. Es fácil deducir que, siendo, como eran, excelentes constructores
de guitarras, y no en vano habían tenido un gran maestro, cuando lograron un
reconocimiento como tales, ya sin estar a la sombra de Manuel, los tres fueron
instalándose por su cuenta, y por supuesto desarrollaron sus propios modelos y
obtuvieron una fama bien merecida.
Según
los datos de que dispongo, el primero en irse fue Domingo Esteso, quien abrió
su taller de Gravina en junio de 1919. Podría ser que se independizara en esa
misma fecha o algo más tarde, en enero de 1920.
El
siguiente fue Santos Hernández, quien abrió su taller de Aduana el 26 de enero
de 1921, donde permaneció hasta su desaparición.
Modesto
Borreguero, el último en irse, abrió su taller en 1924, para luego trasladarse
entre 1927 y 1931 a Duque Fernán Núñez 5, local que perdió durante la guerra.
El
taller de la viuda de Manuel Ramírez se mantuvo hasta la partida de Modesto
Borreguero en 1924. Lamentablemente, no he tenido ninguna información acerca de
lo que fue de ella después de esa fecha. Podría ser que falleciera, y fuera esa
la razón por la que Borreguero se independizó.
Yo
conocí a su hijo, Enrique Borreguero, que trabajaba en el taller de mi padre, y
su banco estaba al lado del mío. Durante mi aprendizaje fue de gran ayuda para
mí. Era un hombre silencioso y muy serio. Cada vez que me veía en un apuro ante
una operación, elegía varias herramientas y se acercaba a mi banco, realizaba
en silencio la operación para que yo la observara, y luego regresaba a su
puesto dejándome realizar mi trabajo recién aprendido. Por lo que sé de Enrique Borreguero, si había
heredado la nobleza de su padre, no me cabe la menor duda de que Modesto
permaneció a lado de la viuda de su maestro hasta el final por una cuestión de
lealtad.
Y otro
dato curioso, y para mí muy entrañable, es que la primera casa que tuve en
propiedad, en la calle del Espejo, fue un ático encantador que me enamoró al
instante, y desde cuya terraza se podía disfrutar de una vista imponente la
parte superior del Teatro Real. Los dueños lo habían heredado recientemente
tras la muerte de sus familiares, y lo pusieron a la venta. Entonces llegué yo,
cargada de ilusión y dispuesta a intentar rebajar su precio, como es costumbre,
aunque no siempre funcione. Y en este caso el asunto tenía toda la pinta de que
no iban a rebajar ni una peseta, hasta que se enteraron de que me llamaba
Amalia, y la dueña se puso a llorar muy emocionada, y decidió hacerme una
substancial rebaja porque me llamaba igual que la antigua propietaria
fallecida, a quien apreciaba mucho, y hablando sobre ello, resultó que era la
mujer de un guitarrero… por supuesto pregunté su nombre, y era Modesto
Borreguero. Así que durante 13 años viví en la casa del último oficial de mi
tío bisabuelo Manuel que permaneció con su viuda hasta el cierre del taller.
Bueno, a
mí me gusta introducir detalles personales y cercanos en mis escritos, pues son
el lado humano de las historias. No todo van a ser datos, pues detrás de ellos
están las personas que les dan sentido. Y tras este inciso, vamos a regresar al
punto de partida de este capítulo de nuestra vida guitarrera.
Lo
cierto es que, el origen de la práctica de mi familia de poner las iniciales de
los oficiales en el interior de las guitarras partió de la iniciativa de Filomena
Vera y sus oficiales, discípulos de Manuel.
Dos
generaciones más tarde, mi padre, José Ramírez III, retomó esta práctica por
razones muy diferentes. En nuestro taller, como en muchos talleres tradicionales,
había siempre varios artesanos trabajando, entre oficiales y aprendices. Y a
finales de los 60, cuando mi padre, para responder a la creciente demanda de
sus guitarras que ya andaba por los 3 años de lista de espera, decidió formar a
un grupo numeroso de jóvenes para convertirlos en guitarreros y que participaran
en la realización su obra, a la usanza de los talleres tradicionales de
pintura, escultura, arquitectura… donde el maestro realizaba su obra con el
trabajo de sus ayudantes. Así se hizo la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel, o el
Pórtico de la Gloria, del maestro Mateo, por poner unos ejemplos.
Y la
razón por la cual mi padre decidió entregar una cuña a cada uno de sus
oficiales con sus iniciales para que las estamparan en el interior de las
guitarras que hacían, era con el objeto de saber quién había construido cada una
cuando él las revisaba y hacía los últimos ajustes. De este modo, cuando se
encontraba con algún defecto en la construcción, sabía a quién tenía que hacer
regresar la guitarra para que lo corrigiera. Y, claro está, también para
cerciorarse de la destreza de sus oficiales, aunque todos los que habían alcanzado
la categoría de oficiales era porque habían demostrado su habilidad, pues de no
ser así no habrían ni siquiera sido aceptados como aprendices. Esto,
naturalmente, era un incentivo para los oficiales a la hora de mantener la
excelencia en su trabajo, pues sabían que el maestro no dejaría pasar nada que
no reuniera la calidad que exigía.
Numerosas
guitarras nuestras habían pasado por las manos de Andrés Segovia, que luego iban
siendo cambiadas por otras. Podemos estar hablando de más de cincuenta
instrumentos. Las iniciales estampadas en el interior de algunos de ellos
quedaron en la memoria de los aficionados, y así fue como se generó la leyenda
de que las guitarras con esas iniciales eran las de los mejores constructores.
Pero no es así. Prácticamente todas las guitarras que una vez fueron utilizadas
por Segovia regresaron a nuestro taller y fueron posteriormente vendidas. Sólo
en algunos casos se mencionó esta eventualidad a la hora de venderlas, pero
muchas otras pasaron a otras manos sin mencionar que anteriormente habían sido
usadas por el maestro. Nosotros nos quedamos, para que formaran parte de
nuestra colección, únicamente con las que podían considerarse como históricas:
la primera que utilizó en sus conciertos, que fue la de su gira por Australia;
la primera con tapa de cedro; y la guitarra “del café” que actualmente
pertenece a nuestro distribuidor en Japón. Se puede además asegurar que las
guitarras empleadas por Andrés Segovia fueron construidas por prácticamente
todos los oficiales que trabajaban con mi padre y con mi hermano, incluyendo a
mi hermano, por supuesto.
Posteriormente,
para evitar las enojosas peticiones de una guitarra hecha por uno de los
oficiales con unas u otras iniciales, mi padre sustituyó aquellos sellos por
otros en los que en lugar de iniciales había un número, que correspondía a cada
oficial. Y volvió a suceder lo mismo: en poco tiempo se supo que tal y tal
número correspondía a alguna guitarra de las utilizadas por Segovia, y
volvieron a repetirse las correspondientes peticiones.
No se
tiene en cuenta que, aunque nuestras guitarras tienen un timbre característico
y común a todas ellas, cada una es diferente en lo que respecta a su sonido,
aunque sean construidas por las mismas manos y los mismos materiales y medidas.
Cada
cierto tiempo, mi padre enviaba tres o cuatro guitarras a Segovia para que
eligiera la que más le gustara y la sustituyera por la anterior. Y en ningún
caso el maestro volvió a elegir guitarras con las mismas iniciales, así que el
oficial no era la causa de sus preferencias.
Como ya
he indicado anteriormente, sólo los más diestros pasan todos los exámenes del
maestro, por aquél entonces mi padre, para acceder a la categoría de oficiales
de primera. Lo mismo es aplicable a los oficiales de mi hermano, de mi abuelo,
de mi bisabuelo y, por supuesto, de mi tío bisabuelo Manuel, y a mis oficiales
en la actualidad.
Todo
esto me recuerda la historia de la guitarra de Manuel Ramírez que le regaló a
Andrés Segovia cuando aún era un joven y desconocido guitarrista, y que fue con
la que, pocos días más tarde, el 6 de mayo de 1913, tocó el legendario
concierto en el Ateneo de Madrid, y la que siguió tocando hasta que muchos años
después le hicieron una mala reparación, y no volvió a sonar como antes. Tras
la muerte de Manuel, Segovia se la llevó a Santos Hernández para que la reparara,
y éste afirmó haberla construido él y quiso cambiarle la etiqueta por una suya,
a lo que Segovia se negó, aunque le permitió que pusiera una pequeña etiqueta
al lado indicando que había sido reparada por él. Y un tiempo después, fue cuando se la llevó a
reparar al otro guitarrero que he comentado más arriba, y que fue quien hizo
una mala reparación, y cuyo nombre desconozco.
Esa
misma guitarra es la que ahora está expuesta en el Metropolitan Museum de Nueva
York, y de la que hemos hecho una réplica exacta.
Lo
cierto es que, volviendo a lo que estábamos tratando, el tema de las autorías
de las guitarras construidas en los talleres artesanos es bastante repetitivo,
pero no tiene ninguna relevancia.
Me
resulta imposible imaginar que, entre los artistas que ayudaron a Miguel Ángel
en la elaboración de la Capilla Sixtina, hubiera alguno mediocre a quien el
maestro le hubiera permitido tan siquiera dar una pincelada. Igual de imposible
me resulta pensar que a alguien se le pueda ocurrir decir que “esta o esta otra
parte” del Pórtico de la Gloria fuera esculpida por uno u otro de los ayudantes
del maestro Mateo. De igual modo, las guitarras de José Ramírez son la obra de
José Ramírez, y no de sus ayudantes. El maestro es quien diseña, investiga,
enseña sus técnicas a sus ayudantes, compra los materiales, cuida del proceso
de construcción de su obra e inspecciona el resultado final, pues, además de
todo lo dicho, es el responsable de la calidad de todo cuanto sale de su
taller. No parece justo que si la guitarra es buena es mérito del oficial, pero
si no lo es entonces es responsabilidad del maestro. Todas son responsabilidad
del maestro, por eso tenemos mucho cuidado con las guitarras que salen de
nuestro taller y nos dedicamos a atender el proceso de su construcción y
terminamos haciendo una revisión minuciosa y los últimos ajustes una vez que
están terminadas.
Recibimos
con frecuencia correos en los que nos preguntan el nombre del constructor de su
guitarra, según su número de serie o de las iniciales o el número estampados en
su interior. Por cortesía siempre hemos respondido a estos correos, y explicando
al mismo tiempo cómo funcionan los talleres tradicionales y que, al fin y al
cabo, la guitarra es una Ramírez. Ahora, quizá porque soy yo la maestra en mi
taller, hace que sea más apropiado referirse a nuestras guitarras como Ramírez
simplemente. Pero no tanto por una cuestión de protagonismo, sino de
coherencia, donde el género femenino o masculino ya no tiene lugar. En un
negocio familiar como el nuestro, que ha sido transmitido de padres a hijos por
vía directa, se pierde esa individualidad y lo que se mantiene es su alma
común, a la que cada uno hemos ido aportando una parte de la nuestra,
introduciendo mejoras, innovaciones, experimentos. Así mis sobrinos, Cristina y
Enrique, ya han empezado a contribuir con una parte de la suya enriqueciendo
ese alma común y centenaria que tanto nos apasiona. Y, claro está, también
queda impresa en nuestra historia la aportación de cada persona que ha
trabajado y trabaja con nosotros, pues gracias a ellos hemos podido atender con
más desahogo a la demanda de nuestros instrumentos. Por tanto, no se trata de
una cuestión de iniciales, sino de un taller en el que cada uno vamos dejando parte de nuestra experiencia y de
nuestra vida, y eso es José Ramírez.
Amalia
Ramírez
Madrid,
14 de mayo de 2017
Monchi, Cáceres, Pedro Contreras, y los dos Tezanos, y el de la derecha, delante,
Nota:
Gracias a Pablo de la Cruz por la información aportada acerca de la historia
del taller de la Viuda de Manuel Ramírez.
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